Los pobladores de Quemalla se negaron a dar hospedaje a la caravana de discapacitados y el alcalde de la localidad los desalojó de la escuela donde esperaban pasar la noche y el mal tiempo pues les llovió casi todo el día y tuvieron que dormir en un coliseo sin techar.
El domingo en la mañana no avanzaron pues la mayoría de sus objetos estaban mojados y prefirieron que sequen al sol y también se movilizaron para conseguir cobertores de plástico para sus bienes, indicó el marchista Miguel Mamani.
Las comunidades no nos quieren abrir las puertas y el sábado nos desalojaron del colegio y dormimos en un coliseo en plena lluvia y todas nuestras cosas se mojaron y pedimos que si alguien nos envié plástico por favor se lo agradeceremos, continuó el representante.
Un grupo de personas llegadas de Oruro la tarde del domingo les llevo comida caliente y algunos colchones y sustituir los que estaban mojados.
La Iglesia se pronuncia respecto a la movilización de las personas con capacidades diferentes y la posición asumida por el Gobierno central pidiendo mostrar sensibilidad. Las palabras fueron señaladas durante la celebración eucarística de ayer en la ciudad de Cochabamba, que estuvo a cargo del monseñor Ricardo Centellas, presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB). Mientras que el Gobierno sale al paso nuevamente llamando intransigentes a los marchistas.
Necesidad
Los movilizados pidieron con urgencia un intérprete de lenguaje de señas, porque él que los acompañaba enfermo por el mal clima y debió ser evacuado de inmediato a la ciudad de Cochabamba.
En la mañana de lunes determinaron retomar el camino y avanzar hasta la tarde para cumplir con su objetivo de llegar el 15 de abril al municipio de Patacamaya.