"¿Listos compañeros? '¡Adelante, adelante, caravana, adelante!'". El centenar de marchistas en silla de ruedas y muletas cantan estribillos para darse ánimos y continuar con su causa: lograr la renta de 500 bolivianos mensuales para las personas con discapacidad.
Los marchistas ya no cuentan los días de su travesía (que son 30), ahora sólo les importa llegar a La Paz y dialogar con el presidente Evo Morales sobre su petición, pero aún así están orgullosos de haber llegado hasta Patacamaya habiendo soportado frío, lluvias, granizadas y, en ocasiones, el abrasador sol altiplánico.
Las dos filas de marchistas se dan apoyo entre sí, los que pueden caminar ayudan empujando las sillas de ruedas, las personas en muletas alientan al grupo y los sordos cooperan organizando las filas.
Cuando faltan brazos que ayuden a empujar se dan modos para que nadie quede atrás. Limber, uno de los marchistas en silla de ruedas, agarra el asiento de una de sus compañeras que no tiene quién la empuje, para ayudarla a avanzar. En otro caso, entre sí las sillas de ruedas para cerciorarse que nadie quede atrás. Y familiares, amigos y voluntarios también empujan, jalan, apoyan, ayudan.
Las banderas de Bolivia y de diferentes departamentos acompañan a los marchistas. El Gobierno ya ha señalado que no entregará el bono y que el actual, de 1.000 bolivianos al año es inamovible.
Con esas dificultades avanzan entre 15 y 20 kilómetros por día, las ampollas y las heridas en los pies no importan ya pues todos deben seguir. Las heridas en las manos por empujar las sillas son mostradas como si fuera parte de una anécdota, siempre con una sonrisa. En realidad, las muestran como si fueran heridas de guerra.