Habla un condenado a 20 años por delitos relacionados con el narcotráfico: Nada ha cambiado. La maldad siempre está. Usted tiene que entender que esto es una cárcel que está fuera de control, que aquí sobrevive el que tiene y el que sabe manejar la política de estar preso.
Es obvio que el Gobierno hará algunos aumentos al prediario, pero esto seguirá igual, sin ninguna asistencia en ninguna de las áreas importantes, en las que de verdad harían que las cosas cambien. Con la venida del papa a Palmasola hubo adormecimiento lógico, pero nada más, dice la voz suave y calmada de este hombre que conjugará el verbo adormecer varias veces más antes de colgar el teléfono y pedir que lo vayan a visitar.
Después de la visita del papa a Palmasola, todo volvió a la normalidad en un día, el tiempo que la organización de la visita tardó en llevarse las sillas y en desarmar las tarimas.
En el penal más violento del país volvió la música y el fútbol, dos de las terapias de adormecimiento más efectivas que relata el hombre condenado por narcotráfico, pero que poco hacen para redimir a los asilados en ese purgatorio del sur de la ciudad.
Jimmy Condori, subregente del PC4, la zona que visitó Francisco, sí ve cambio. Observa todo más tranquilo y cree que la visita del pontífice sirvió de desahogo para muchos reclusos. Cree que con solo la visita de Francisco ya muchos están más aptos para volver a la sociedad y ahora espera que el Gobierno haga su parte para ayudarlos a abandonar la delincuencia.
Esa calma, la serenidad, es lo que ha percibido Leandro da Silva, el sacerdote de la Pastoral Penitenciaria que acompaña a los reos del penal todos los días. Cree que ha quedado gozo y alegría dentro de los muros tras la visita de Francisco, pero hasta ahora no ha habido ninguna reunión entre instituciones para mejorar la vida de los presos sin necesidad de hacer grandes inversiones. Eso está aún pendiente.